La verdad sobre Kronstadt. Stépan Petritchenco (1921)


Petritchenco
Al llevar a cabo la Revolución de Octubre de 1917, los trabajadores de Rusia y de Ukrania, esperaban obtener su emancipación completa. Pusieron todas sus esperanzas en el partido bolchevique, porque parecía responder a sus intereses. ¿Qué es lo que este partido, dirigido por Lenin, Trotsky, Zinoviev y otros, les ha reportado en los tres años y medio que tienen el poder?

El camino bolchevique no ha conducido a la emancipación de los trabajadores, sino más bien a una esclavitud aun mayor del proletariado. En lugar de la monarquía policíaca, los trabajadores conocen ahora el temor permanente a caer en las manos de la cheka, que supera con creces la crueldad de la policía del régimen zarista. Ahora son conscientes de los fusilamientos y las humillantes vejaciones de los carceleros chekistas. Si el trabajador se atreve a expresar la dolorosa y pesada verdad, es entonces asimilado a los contrarrevolucionarios, agentes de la Entente, etc., recibiendo como recompensa una descarga de fusilería o bien la prisión, es decir, la muerte por inanición.

Los bolcheviques han encadenado a los obreros a los talleres, con ayuda de los sindicatos corruptos, haciendo que el trabajo deje de ser creador y estimulante, para convertirse, al igual que antes, en una nueva e insoportable esclavitud.

Los bolcheviques respondieron con fusilamientos en masa, incontables encarcelamientos e internamientos en campos de concentración, a las protestas de los campesinos, quienes se manifestaban con revueltas espontáneas y a las de los obreros, obligados a recurrir a la huelga para mejorar sus condiciones de vida.

¿Cómo viven los campesinos y qué han obtenido del nuevo régimen?

Han conseguido la esclavitud de los trabajos forzados, sin distinción de edad, sexo o situación familiar, el completo pillaje de las cosechas, del ganado y de las aves de corral, llevadas a cabo por innumerables requisiciones y confiscaciones y el control de todos los desplazamientos, mediante incalculables destacamentos de inspección.

Se ha generalizado el reinado de la arbitrariedad. Si un campesino tiene a tres de sus hijos en el ejército rojo y uno de ellos regresa a su pueblo por su cuenta para conocer la situación; entonces, sin tener en cuenta que los otros dos hijos permanecen en el servicio, la granja familiar queda librada, por efecto de la deserción de uno de sus miembros, al pillaje total.

No obstante, el ejército y la armada nada sabían de la verdadera situación del país. Las informaciones que llegaban eran muy confusas e imprecisas; era difícil hacerse una idea exacta basándose en los rumores o en el correo familiar “censurado”. Durante todo este tiempo, los bolcheviques engañaban a su gente, bosquejando cuadros idílicos en los periódicos. Si se lanzaban quejas contra los abusos, las autoridades centrales respondían diciendo que serían tomadas las medidas oportunas, pero todo quedaba sobre el papel. Por contra, cuando el comisario local se enteraba que se había cursado una queja contra él, se ocupaba en perseguir por todos los medios a su alcance a los querellantes, haciéndoles la vida imposible. Nadie estaba en condiciones de conocer la situación y medios de vida de su familia: no se concedía ningún permiso, a causa de la tensión militar y la censura impedía que pasaran las cartas que exponían la amarga verdad. Únicamente los periódicos y la literatura bolchevique tenían libre curso y según ellos todo iba bien en todas partes.

Por todo ello, las tripulaciones se encontraban en la incertidumbre: unos confiaban en la propaganda oficial, pero otros no. Tuvo lugar una desmovilización parcial del ejército y se concedieron breves permisos, limitados al diez por ciento de los efectivos. Los que tuvieron la suerte de acceder a ellos, estaban perfectamente al corriente de la situación real del país a su regreso, al haber tenido ocasión de tomar conciencia de la imbecilidad, la arbitrariedad y la violencia represiva de la comisariocracia. Éstos explicaron a sus camaradas la represión e injusticias que reinaban en el país. De este modo, la amarga verdad empezó a ser conocida en las unidades de Petrogrado y Kronstadt.

Los ukranianos por su parte, se negaban a regresar al acabar su permiso. Algunos de ellos contaron que los padres maldecían a sus hijos por haber defendido a esa pandilla de bandidos y canallas que había llevado a Rusia a la ruina general, a una situación de violencia espantosa y a una opresión y arbitrariedad desconocidas hasta entonces. Así llegamos al conocimiento de la verdad y nos pusimos a discutirla colectivamente, a pesar de la prohibición de reunirse o concentrarse, dictada por los comisarios y comunistas. Las asambleas se vieron cada vez más concurridas, llegando siempre a la desaprobación unánime e indignada del poder bolchevique. Petrogrado y Kronstadt sufrieron en ese período, al igual que anteriormente, una grave crisis de abastecimiento. Todos se indignaron contra el “orden bolchevique”, gracias al cual los obreros se encontraban hambrientos, helados y encadenados a sus fábricas, en las cuales debían agotar sus últimas fuerzas.


La paciencia llegó al límite: en los días 25 a 28 de febrero, estallaron huelgas en Petrogrado. El poder respondió con arrestos masivos y descargas de fusilería contra los obreros. Las fábricas se pusieron bajo la vigilancia de los chekistas y de los kursanty; se les dijo a los obreros que volvieran al trabajo, pero se negaron. Nuestra tripulación supo con indignación cuanto sucedía en Petrogrado en el curso de mítines espontáneos, los cuales estaban, no obstante, formalmente prohibidos por los comisarios; entonces exigimos a éstos el envío de una comisión, compuesta por gente sin partido, a Petrogrado, con el objetivo de informarse de lo sucedía en realidad, porque los bolcheviques trataban de hacernos creer que agentes y espías de la Entente habían intentado organizar huelgas en Petrogrado, pero que todo había vuelto a la normalidad y las fábricas funcionaban de nuevo sin problemas.

En Petrogrado, se amenazaba a los obreros con la intervención de Kronstadt"La Roja", la cual los obligaría a volver al tajo, si persistían en su actitud huelguística. Por ello supimos que, de modo generalizado, los bolcheviques habían convertido a Kronstadt en un espantapájaros en toda Rusia para apoyar su política; La indignación de las tripulaciones, al tener noticia de estos hechos, fue enorme, porque este papel no podía de ningún modo ser el de Kronstadt.


Stepán Maxímovich Petrichenko (en ruso: Степан Максимович Петриченко; 1892, aldea Nikitenka, distrito de Zhizdrinsky, provincia de Kaluga, Imperio ruso - Vladímir, Unión Soviética, 2 de junio de 1947). Fue un marino, revolucionario y anarco-sindicalista ruso. Significado combatiente de la Comuna de Kronstadt en su rebelión contra el gobierno bolchevique de Rusia, dentro del marco de la denominada Tercera Revolución Rusa.